Caminos reales.


Los nómadas tienen un territorio propio, pero este, sigue caminos trazados por una sabiduría fluida. En este territorio el nómada va de un punto a otro, es decir el nómada tiene conocimiento de una topología esencial, pero aquí la diferencia radica no en, que dichos puntos no son los cooredenadas  que determinan los fines de la ruta, sino en sentido contrario son meras consecuencias del peregrinar: aun que los puntos determinan caminos ellos están subordinados al camino que trazan y no al revés, como sucede con el sedentario:

Los jesuitas utilizaban ciertas formas elaboradas de construcción, lo que permite distinguir este trabajo de las sencillas veredas entre las rancherías. La tendencia de los jesuitas a trazar rutas directas y en línea recta en terrenos difíciles es de llamar la atención; cuando contaban con suficiente mano de obra, no se mostraban reacios a mover obstáculos considerables, y cuando se encontraban con un campo abierto sorprende el trazo recto de sus caminos.
[…] se pueden diferenciar senderos posteriores a 1820 de las rutas originales que se recorrían en la época misional. En estos senderos o rutas aledañas, además de comunicar sitios cercanos, ofrecían ventajas según la época del año. Por ejemplo la ruta este que va de la misión de Sta. Gertrudis a la de Sn. Borja es más corta y de mejor tránsito, aun que en verano es muy caliente y el agua, escasa; mientras que la del oeste, que es mas alta y con pendientes, contaba con la brisa del Pacifico y con arroyos frecuentes.
Crosby, H. El Camino Real y las Misiones de la Peninsuila de Baja California. INAH 2008. 

 El punto de abrevadero es alcanzado solo para ser dejado atrás, cada punto en estas rutas es sostenido por confianza y no por costumbre, no se trata de un camino tradicional sino de una ruta dictada por eventos que le dan un sentido a cada lugar. Un camino es siempre un lugar entre dos puntos, pero en estos casos es el sendero el que ha tomado toda la consistencia, lo que le hace disfrutar de una autonomía y una dirección en sí. La vida del nómada es así el intermezzo. Aun los elementos de su peregrinación están  concebidos en términos de una trayectoria que esta por siempre poniéndolos en movimiento.

 Así el nómada no subordina su peregrinar a un territorio sino a un itinerario, rehúsa a dicho territorio, se construye un ambiente de lana y materiales otros materiales flexibles y suaves, que no dejan huella en los sitios que va ocupando estacionalmente, dando espacio al especio, y tomando en cuenta el espacio que atraviesan como una figuración de su trayectoria y no como un espacio a poseer.


Mi sombra me atormenta.




Mi sombra me atormenta
la veo venir sobre mis pasos, suave deambula en movimientos estigios como espuma cubierta toda de tiempo, de historia derramada en entrañas de centurias, de cristales diáfanos, espejos color sepia en dispersas melodías de memoria ajena, intensidad opaca de vibraciones eléctricas.
En mi nuca se aferran los espasmos, trepidan campanarios dilatados a la noche, se parten las estrellas del infinito en la suavidad del inmenso resplandor de tu nombre hecho pedazos.
Más allá no hay nada, sólo estar presente por los siglos en la incontenible locura que nos mueve, aquella que se cuela por los sueños como parda oscuridad que pernocta por nosotros.
Por cada vibración emergente, un destello es vertido, en un trozo de arena que se expande en incontables pantanos, arremolinados como espesa niebla, verde emanación de fulgor demente.
Ya trepa a mi cabeza, ecuánime como monolito blasfemo, timbre sólido en esencia lítica, que desplaza mi cuerpo los oceános de lo innominado, ahí me esperan las parcas, piden borbotones de mi sangre hecha polvo por el viento.
Luego el frío, aquel que quema el destino de los encumbrados, aquellos líquidos de internos desafíos, de copulas y amalgamas de rocío delgado, de sabor violeta.

Por que tambien los oasis rebosan de palabras

Nacimos en el ayer de la fiesta solar invicta, en la contra generación que desmiente el color. Nacimos con amor a las sombras, a la noche, al eclipse. Nacimos acróbatas del vientre sonriendo al precipicio y dimos el salto mortal sin alas ni paracaídas. Nacimos entre estrellas y golondrinas, la muerte nos es lejana como el sueño, amable como el sepulcro. Nacimos huérfanos de lengua en los naufragios de profetas. Afiliados al destierro vagamos en el fuego.
¡Hemos bebido el enigma de la esfinge!
Sobre esta latitud coloreada de agua (páramo sureño mal nombrado “fin de la tierra” pues es aquí donde principia todo, donde aprendieron a caminar las estrellas) fondeamos la nave manteniéndonos al borde de la tabla pirata deseosos del vértigo en un “inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos”* Filibusteros de palabras con la alineación en el hombro izquierdo, tomamos posesión de lo eterno, de la forma y de la idea, del espacio y el silencio, de la voz y lo intangible.
Amado M. Malvaez C.

Hegel, la gota de agua y el caliz rebozante.


El conocimiento absoluto es soledad sin vida  sin la certeza de su trono. Ante un mundo post-teleológico de contingencia vertiginosa, en el cual el destino es lo que menos importa a los espiritas nómadas, las últimas palabras de la fenomenología del espíritu parecen resonar ominosas:

La meta, el saber absoluto o el espíritu que se sabe a sí mismo como espíritu tiene como su camino el recuerdo de los espíritus como son en ellos mismos y como llevan a cabo la organización de su reino. Su conservación vista por el lado de su ser allí libre, que se manifiesta en la forma de lo contingente, es la historia, pero vista por el lado de su organización conceptual es la ciencia del saber que se manifiesta, uno y otro juntos, la historia concebida, forman el recuerdo y el calvario del espíritu absoluto, la realidad, la verdad y la certeza de su trono, sin el cual el espíritu absoluto sería la soledad sin vida; solamente.

Del cáliz de este reino de los espíritus

rebosa para él su infinitud. 

Hegel G. W., La fenomenología del espíritu. p.473 (las cursivas son mías)

Este mensaje puede cambiar su sentido por uno más desértico si logro mantener fresco el recuerdo de lo que Hegel indica en la introducción a la Fenomenología:

Actualmente [el espíritu] se revela tan pobre que, como el peregrino en el desierto, parece suspirar tan sólo por una gota de agua, por el tenue sentimiento de lo divino en general, que necesita para confortarse. Por esto, por lo poco que el espíritu necesita para contentarse, puede medirse la extensión de lo que ha perdido.

Ibid. p.12 

En medio del desierto, hoy en día se ha de deambular con cuidado, las rutas que parecen caminadas muchas veces y tener limpio de obstáculos su recto curso pueden ser trampas mortales. Llevarnos a los pozos de arenas movedizas del olvido. Esos lugar en donde el desierto se encarga de perderse de nosotros. 

Hegel parece reconocer esa capacidad del hombre a guardar desiertos dentro de sí de la cual otro importante pensador habló después,  capacidad que no le lleva por el camino de desesperación en que su compatriota se perdió y encontrose luego,  Hegel aconseja el conocimiento para regar las semillas del espíritu y así, desde el reconocimiento delascerador del vacío del interior humano fomentar la posibilidad de superación. Pero el desierto crece, no ha dejado de crecer nunca, en el estan perdidos muchos tiempos, sus caminos son borrados por las huellas de un monstruo mas grande que el tonto que cree que lo conoce.