Insularidad, oasisidad.



La vista engaña pero la confusión crea sentido: lo natural es que la luz nos llegue desde arriba y que, por tanto, se formen sombras los ángulos inferiores de un objeto. En cualquier caso no es más que una impresión subjetiva, la ilusión óptica de un cráter que parece una montaña. Que una figura plana sea cóncava o convexa es lago imposible de distinguir a simple vista, se requiere de detalles auxiliares.

En la ausencia de detalles auxiliares nuestras islas y nuestros oasis encuentran la misma fuerza metafórica, de asidero a la vida, encuentro con un punto de fuga en el domo de la desolación. La isla y oasis son dos elementos recurrentes en la geografía peninsular. Lo que salva a la península de ser una isla es la unión al cuerpo continental. Lo que hace al oasis es su separación de los cuerpos de agua que permiten el crecimiento de vegetación. Pero estas características no se dan ni en las islas peninsulares ni en sus aguajes. En los primeros la comunidad vegetal esta unida formada por un matorral xerofito denso y muy diferente el oriental continuo de dunas del desierto africano-oriental; tampoco las islas regionales están tan alejadas como para encontrarse fuera de la plataforma continental; pero lo que proporciona elementos para continuar a la senda conceptual de la insularidad y la oasisidad respectivamente, se encuentra dentro del ojo del nómada, del navegante, el explorador, en el carácter poético que se rescata de vuelta en toda impresión que el paisaje sudcaliforniano plasmada en testimonio.

El oasis no lo hacen la palmerita y el charquito sino la desolación que le rodea. Al paraíso no lo separan murallas sino el secreto de su localización, no existe en un territorio sino en el corazón de sus descubridores. Lo importante es que ambos conceptos conviven tanto en su metaforicidad universal, como en el imaginario e identidad regionales. Tanto en la extensión del desierto como en la inmensidad marina, su exploración es posible gracias a las estaciones de paraje. Los temores del naufragio son los mismos que los del abandono. Explorar los conceptos del mar es encontrar su aplicación en el oasis ¿viceversa? Sarpemos.

¿Por qué Blumenberg?



Si seguimos con la intencion de darle valor a un charco en medio del desierto necesitamos transmitir que la sequía de conceptos también nos da orden. No solo como seres abandonados, en un tiempo sin sentido, como sudcalifornianos nos podemos parar el cuello de vivir en el fin de la tierra, como humanistas los filósofos de finis terrae deberíamos movernos en el finis storia como si fuera nuestra nave insignia. Tripulantes de la agonía de la civilización, izando las velas de la conciencia para buscar esa isla de alternativa que promete la intuición más humana.Ordenar las metáforas y los conceptos en la cartografía poetica y asi recuperar nuestra insularidad.


Nuestra identidad-protesta de seres rupestres, trazos en la piedra que desafían al tiempo. Por eso Blumenberg, pues quizá nadie lleva a sus últimas consecuencias el espíritu de la palabra, con la intención mas sana, con el talante mas asistemático. Blumenberg por que:



Habla del ser humano como un animal de cría y selección que necesita imágenes de orden y disciplina, sistemas de conducción...



una antropología mucho más clara, como la de Blumenberg, en la que los mitos y las metáforas, a causa sólo de sus funciones distanciadoras de la realidad, orientadoras dentro de ella, aliviantes de la enorme tensión del ser humano en ella, se interpretan como un equivalente funcional de la propia función estabilizante de las instituciones […], que ni se eligen, ni se hacen, ni se discuten, con las que se identifica uno, reduciendo el ideal del yo a un yo grupal arcaico; o como medios de "readaptación" de un ser, como el humano, no adaptado a la lucha por la vida y la supervivencia, que necesita una protección artificial, ya que no la tiene orgánica. De una antropología de un ser desvalido como el humano, sí, que necesita de toda suerte de compensaciones míticas frente a la prepotencia y "absolutismo de la realidad", frente a la espera del definitivo golpe de la muerte, frente a la sospecha de falta de sentido de todo, incluso, pero que, en el caso de Blumenberg, aboga por una honesta cultura de la contingencia, asumida individualmente, sin otro absolutismo que el de la lúcida conciencia de ficción de los mitos y metáforas (fuentes de sentido o de consuelo absolutas, absolutamente metafóricas, digamos) del imaginario histórico y personal, y desprecia tanto la euforia como la rabia indiscriminada frente al mundo, que considera precisamente la desgraciada fuente del totalitarismo. Más bien habría que hablar aquí, también nietzscheanamente, del "pesimismo de la fortaleza" de una cultura más alta en la que "redime la apariencia": se asume conscientemente la vida como ilusión, sin resentimiento alguno y sin necesidad de justificación alguna, sin mayor tragedia; se asume pur et cru un mundo desgraciado, malo (azaroso, incierto, sorprendente), sin otro consuelo, en tal caso, que el consuelo sin sentido, es decir, sin otro sentido que servir de consuelo. Esta fuerza trágica pura sí recorre la antropología blumenbergiana.


Blumenberg te sorraja historias que parecen no tener conexión y ellas inevitablemente se van conglomerando en un sistema dentro de la sensación de obra que tiene su trabajo, siguiendo la intención de una retórica nietzscheana que exige la participación de un lector que se ve sorprendido ante los resultados. Isidoro Regera continua dando en el clavo en este articulo de El Pais:



Hay que conservarlo, recordarlo todo. Especialmente las grandes preguntas, que no han de desaparecer sólo porque no puedan responderse, sólo porque no tengan sentido lógico o porque desde él no sean pregunta alguna (ya que no tienen respuesta). No hay una realidad y una lógica, hay muchas en las que vivimos. No hay, por tanto, que contar una historia, la supuestamente grande, sino muchas, a ser posible todas. Cada realidad y cada historia actúan como si se tratara de pequeños mundos. "Que vivimos en más de un mundo es la fórmula de los descubrimientos que constituyen el estímulo filosófico de este siglo".


Blumenberg por que cementa los manchones de verdor en una ruta de salida de las cavernas hacia el centro del desierto.



El cielo monstruoso, de Paul Bowles


El cielo protector narra el viaje de tres norteamericanos hacia dentro del Sahara. La búsqueda de un lugar que no haya sido tocado por la segunda guerra mundial se convierte en una travesía desde Argel hasta Sudán. Pero el autor la describe como un viaje de Nueva York hasta lo desconocido. Paul Bowles, lleva a sus personajes por Argel, Bou Noura, Ain Krorfa, Messad, El Ga'a y Sbá, y los abandona en el centro del desierto.


Mauricio bares dice que a pesar de que la crítica reseña la historia como una huida, como un proceso de despersonalización; el cielo protector puede considerarse como una búsqueda definitiva, como un viaje a nivel simbólico en cual la fricción de lo occidental contra el desierto y la cultura árabes catalizan el cuestionamiento existencial. El desierto es aquí el paisaje simbólico central, emblemático de un mundo en el que los personajes viven un aislamiento intersubjetivo radical. Ante él, se pierden dimensión y escala humanas; el desierto en contacto con el cielo, es un solo símbolo: el signo de una naturaleza indiferente de la desintegración del ser.

Hannah Arendt, el desierto y los oasis.


La maestra, Senorina nos dirige a la perspectiva de la filosofa de Linden, sobre la extensión de la metáfora nitzscheana del desierto. Hannah Arendt, se adentra en medio de las vicisitudes del desierto para mostrar las propias de la 'vida' en la modernidad: desprovista de juicios, a la vez cegada por la consecución de los placeres inmediatos y erosionada por la velociferina agonía de la conciencia histórica.

La psicología moderna es psicología del desierto: cuando perdemos la facultad de juzgar, de sufrir y de condenar, comenzamos a pensar que hay algo equivocado en nosotros si no podemos vivir bajo las condiciones del desierto. La psicología nos ayuda a “ajustarnos” a aquellas condiciones y nos quita nuestra única esperanza; a saber: que nosotros que no somos del desierto aunque vivamos en él, somos capaces de transformarlo en un mundo humano. La psicología pone todo del revés; precisamente porque sufrimos bajo las condiciones del desierto somos aún humanos; el peligro consiste en que nos convirtamos en verdaderos habitantes del desierto y nos sintamos cómodos en él.

El mayor peligro del desierto consiste en que hay tempestades de arena…Esas tormentas de arena son los movimientos totalitarios. Ambos, la psicología y los movimientos totalitarios, plantean un peligro inminente a las dos facultades humanas que nos capacitan para transformar el desierto : acción y pasión. Es cierto que cuando somos alcanzados por los ajustes de la psicología moderna sufrimos menos; pero perdemos la facultad de sufrir y con ella, la virtud de resistir. Y solo de aquellos que consiguen resistir el padecimiento de vivir bajo las condiciones del desierto, es de quienes podemos esperar que se armen del coraje necesario que se encuentra en la raíz de toda acción, del coraje que convierte a un hombre en un ser
actuante. Las tormentas de arena amenazan también esos oasis en el desierto sin los que ninguno de nosotros podría resistir allí; mientras que la psicología sólo intenta acostumbrarnos a la vida en el desierto de modo que ya no sintamos la necesidad de los oasis. Los oasis constituyen todos esos dominios de la vida que existen independientemente de las circunstancias políticas, es decir de nuestra experiencia plural. Los oasis son nuestra existencia en singular (el aislamiento del artista, la soledad del filósofo, la relación amundana entre seres humanos tal como existe en el amor (cuando el entre, el mundo, asciende en llamas), y a veces en la amistad (”cuando un corazón se dirige directamente a otro”). Sin la intangibilidad de esos oasis no sabríamos cómo respirar.

Los oasis se secarán si no los mantenemos intactos…ellos no son meros lugares de "relax” sino las fuentes dispensadoras de vida que nos permiten vivir en el desierto sin reconciliarnos con él. El peligro opuesto es mucho más frecuente. Su nombre habitual es escapismo: huir del mundo del desierto, de la política, hacia…lo que quiera que sea…Tratando de huir, transportamos la arena del desierto a los oasis…La falta de resistencia, el fracaso de resistir y reconocer la duda como una de las condiciones fundamentales de la vida moderna, aniquila los oasis dispensadores de vida.

El artículo completo publicó en la Revista de occidente en Octubre del 2006 (no.206) y esta transcrito totalmente en el blog: Agón αγών. El problema del nihilismo desertizado de esta manera, no es que halla algo en lugar de nada, el problema es que alguien declare que no hay nadie. Publicando para nadie, hm, parecido al grito en la nada que se esta convirtiendo mi blog :(

En medio de las estepas de Mongolia.


A veces cuando avanzas en silencio por paisajes tan desolados, pierdes la cohesión como ser humano y te sobreviene la sensación de que te vas disgregando progresivamente. El espacio que te rodea es tan vasto que es difícil mantener el sentido de la proporción con respecto a la propia existencia. ¿Me comprende usted? Mi conciencia se iba dilatando junto con el paisaje y acababa por ser tan difusa que no podía mantenerme aferrado a mi cuerpo. Ésta fue la sensación que experimente en las estepas de Mongolia. '¡Que inmensidad!', pensaba. Más que la estepa, parecía el mar. El sol ascendía por la línea del horizonte del este, cruzaba el cielo despacio y se hundía en el horizonte por el oeste. Ante mis ojos esto era lo único que cambiaba. Y hacia ese desplazamiento del sol yo sentía lo que cabía definir como un enorme amor cósmico.
Haruki Murakami, en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo incrusta un metarelato dentro una obra que cuestiona la vida del hombre y la angustia por la búsqueda del sentido en el caldo de cultivo materialista-espiritual de la de cultura japonesa contemporánea.

Seminario en la Rioja


Se va a llevará cabo un evento en el que puede incidir la investigación del grupo.
2º Seminario de Investigación y Formación: Más allá de los conceptos clave clásicos: hacia un análisis conceptual aplicado3-5 de diciembre, San Millán de la Cogolla (La Rioja), España

el vinvulo con la convocatoria a continuación. (link)