
Ir a estar solos, adentrarnos en nosotros mismos para crearnos. Al pluralizar aquel consejo que Rilke hace al joven poeta me intento servir de ello como linea de paralaje para una reflexión acerca del arte en y desde el desierto.
El desierto con su sonrisa de esfinge ofrece la paradoja de la contemplación, el ejercicio reflexivo que incita en muchos a la creación como respuesta a esa nada informe que plática en las soledad.
.Valerse de ti mismo, asumirse ejecutante tanto como observador, crearnos a nosot
ros mismos es la invitación que el desierto trae por dentro. por eso le parece a la filosofía prudente un poco de enajenación. No la enajenación misma como ruta filosófica sino su resultado al permitirnos "reconocer lo extraño en lo propio", entenderse seres de retorno es asumir en la primera fila del espectáculo que somos nosotros mismos. En el desierto reside esa sensación dramática y serena al mismo tiempo que conmueve a la búsqueda de un sentido.
Una vez acompañado de soledad, la intervención parece necesaria para irrumpir en el signo de la negatividad viva, que residente en todo el paisaje.
Así tenemos pues el uso del desierto convencional en el arte, inspirado por este el artista toma de el todo lo necesario para transportarle a los seguros confines de la galería o la sala de proyección o la página.
Aun así no faltarán los arrojadizos que, buscando interacción con esta nada inquisitiva e internándose con la intención de dejar algo a ser aniquilado por estar apartado de los ojos del mundo y pierden para siempre en el desierto una obra de creación artística, intentada para nadie. una muda obra cuyo espectador es esa soledad eterna. Una intención de experiencia visionaria o un testamento apropiado para fundirse con los espejismos de la razón.
En ambos sentidos, el tomar al desi
erto como tema provoca una inevitable infección de tensión en la obra artística. Tensil que se resuelve siempre en la paradojicidad del desierto como experiencia de vida y reflexión: detenerse a contemplar es vivir, y también es dejar de hacerlo.
Como Ulay u Abramovic, pareja de artistas conceptuales que emprenden una caminata desde puntos opuestos de la Muralla China, él desde el extremo del desierto de Gobi mientras que ella desde el Mar Amarillo para encontrarse a la mitad de este monumento de la separación y ritualizar así la disolución de su relación sentimental.
O como el escultor Mario Irarrázabal que se le ocurre levantar una mano monumental en medio del desierto de Atacama, algo que hace eco con la intención del artista de tomar todo el espacio como galería, al desierto como espectador eterno al que a veces acompaña un caminante extraviado y con la presencia de los geogrifos prehispánicos de aquella región desértica hermana de la austral península californiana.
Por algo será que música y poesía sean las que mejor me convocan al viaje, en este caso la sola voz en medio del desierto basta para llenar de nuevo lo innominado, o para transportarnos desde nuestro asiento, a la inquietud serena de los lomeríos desolados de la humanidad.
Donde nuestras construcciones sucumben a la erosión de lo superior, la palabra, cae como un rocio perenne que hace florecer la paradójica realidad en su multiplicidad de reflejos.
El desierto con su sonrisa de esfinge ofrece la paradoja de la contemplación, el ejercicio reflexivo que incita en muchos a la creación como respuesta a esa nada informe que plática en las soledad.
.Valerse de ti mismo, asumirse ejecutante tanto como observador, crearnos a nosot
ros mismos es la invitación que el desierto trae por dentro. por eso le parece a la filosofía prudente un poco de enajenación. No la enajenación misma como ruta filosófica sino su resultado al permitirnos "reconocer lo extraño en lo propio", entenderse seres de retorno es asumir en la primera fila del espectáculo que somos nosotros mismos. En el desierto reside esa sensación dramática y serena al mismo tiempo que conmueve a la búsqueda de un sentido.Una vez acompañado de soledad, la intervención parece necesaria para irrumpir en el signo de la negatividad viva, que residente en todo el paisaje.
Así tenemos pues el uso del desierto convencional en el arte, inspirado por este el artista toma de el todo lo necesario para transportarle a los seguros confines de la galería o la sala de proyección o la página.
Aun así no faltarán los arrojadizos que, buscando interacción con esta nada inquisitiva e internándose con la intención de dejar algo a ser aniquilado por estar apartado de los ojos del mundo y pierden para siempre en el desierto una obra de creación artística, intentada para nadie. una muda obra cuyo espectador es esa soledad eterna. Una intención de experiencia visionaria o un testamento apropiado para fundirse con los espejismos de la razón.
En ambos sentidos, el tomar al desi
erto como tema provoca una inevitable infección de tensión en la obra artística. Tensil que se resuelve siempre en la paradojicidad del desierto como experiencia de vida y reflexión: detenerse a contemplar es vivir, y también es dejar de hacerlo.Como Ulay u Abramovic, pareja de artistas conceptuales que emprenden una caminata desde puntos opuestos de la Muralla China, él desde el extremo del desierto de Gobi mientras que ella desde el Mar Amarillo para encontrarse a la mitad de este monumento de la separación y ritualizar así la disolución de su relación sentimental.
O como el escultor Mario Irarrázabal que se le ocurre levantar una mano monumental en medio del desierto de Atacama, algo que hace eco con la intención del artista de tomar todo el espacio como galería, al desierto como espectador eterno al que a veces acompaña un caminante extraviado y con la presencia de los geogrifos prehispánicos de aquella región desértica hermana de la austral península californiana.
Por algo será que música y poesía sean las que mejor me convocan al viaje, en este caso la sola voz en medio del desierto basta para llenar de nuevo lo innominado, o para transportarnos desde nuestro asiento, a la inquietud serena de los lomeríos desolados de la humanidad.
Donde nuestras construcciones sucumben a la erosión de lo superior, la palabra, cae como un rocio perenne que hace florecer la paradójica realidad en su multiplicidad de reflejos.
3 comentarios:
hermanito!
Saludos. Vine a testear si ahor sí estabas manteniendo un blog regular.
Excelente ver que asi es. Excelente poder leer más de tus debrayes que extraño.
Te amo con frenesí (bueno no, me caes bien. A ratos)
yo a ti hermana de la hermandad hermanaica
Por supuesto que no hay problema, cualquier comentario al presente sitio se agradece; por cierto, siguiendo con el tema de la huelga en UABCS, creo que hace falta por parte de la universidad proporcionar información más expedita respecto al desarrollo de la misma, debido a que en muchos de los medios de comunicación a los que tuve oportunidad de dar seguimiento no se proporcionaba la información correspondiente.
Saludos y gracias por tu comentario.
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