Periodistas desesperados construyen verdades que venden al mejor postor

Ignoran las cuestiones áridas: Bertol Brecht

Que “Hay que corretear la chuleta” es verdad ineludible. Es ese talante canino de persecución es que, en brillante momento de la historia del ingenio humano, surgió una peculiar forma de darle dentelladas a la deseada porción cárnica con patas: Periodistas y reporteros, buscan decir la verdad a cambio de bienes y servicios.
Es sencillo hacer periodismo, se puede hacer noticia casi todo pero si de hacer noticias que “jalen” se trata, entonces las malas noticias se pintan solas.
Bertol Brecht se preocupaba por esta cuestión periodística del mercadeo de mala información, en un breve escrito que llama “las 5 verdades del periodismo” donde expone una situación que me tocó vivir en sudcaliforniana versión. Brecht dice resalta el:

Poco valor que se necesita en cambio para lamentarse, en general, de la maldad del mundo, del triunfo de la brutalidad y para sacudir la amenaza que flota sobre el espíritu, cuando se vive en una parte del mundo en que eso aún se permite. Muchos se comportan como si estuvieran bajo el fuego de cañones, cuando aun están bajo la mira de binóculos. Van gritando sus vagas reivindicaciones en el mundo amigo de la gente inocua; demandan generalmente, la justicia, pero nunca hicieron nada por tenerla y piden genéricamente la libertad, la de tener parte de aquel botín antes largamente repartido sin ellos. Encuentran verdadero sólo lo que les suena bien. Si la verdad tiene que ver con cifras, con hechos, si es cuestión árida, cuyo hallazgo exige pena y estudio, entonces no les corresponde, nada tiene que los embriague. Sólo exteriormente se comportan como los que dicen la verdad. El mal que sufren es no saber la verdad


Quizá no es sólo el asunto de lo horrible de las noticias que “jalan” lo que toca Brecht aquí, pero de refilón se nota lo difícil que es escribir una noticia que hable de la belleza de la humanidad o del mundo y que “jale” a la vez.
Quizá Brecht aún que de paso, también se preocupa por el antaño problema filosófico de la verdad, pero para el lo lamentable es notar que esta sea tomada por una mera construcción mediática. El acceso a la verdad es para individuos de otra constitución, “aquellos que estén depuestos a soportarla” dice existencialistamente el dramaturgo.

Me queda pendiente, como lector de noticias, entender quién dirige ese discurso de atropellos y escándalos, esa “verdad” en que se sumergen los géneros periodísticos para vender valiosos bosques procesados.
Mientras sea noticia que un preso dijo algo a su acusado y nadie lo oyó, o que hay mucha basura en la calle y nadie la levanta; y que poco importe leer que en las colonias muchos niños juegan en verano desnudos y mojándose, o que hay un justiciero que llenando las paredes de color exige el regreso de los tiempos perdidos; mi distanciamiento del periodismo será para la busca de una escritura de mejores mentiras (y por que hay mas de una chuleta colgando de más de una caña) o la búsqueda de verdades personales y un editor que sea un buen farsante, que los hay con principios, créalo usted solitario lector, es verdad en el entendido de que no se conocen todos los editores del mundo.

Bertol Brecht (a propósito de los temas desérticos) también escribió una obra de teatro en la que un empresario petrolero y su sirviente se extravían en el Sahara en busca de un pozo. Sediento y embrutecido por el pavor del cielo abierto y la falta de vida, el empresario enloquece y mata a su guía y luego a su sirviente, quien le llevaba agua que había encontrado en un pozo cercano.

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