Mi sombra me atormenta.




Mi sombra me atormenta
la veo venir sobre mis pasos, suave deambula en movimientos estigios como espuma cubierta toda de tiempo, de historia derramada en entrañas de centurias, de cristales diáfanos, espejos color sepia en dispersas melodías de memoria ajena, intensidad opaca de vibraciones eléctricas.
En mi nuca se aferran los espasmos, trepidan campanarios dilatados a la noche, se parten las estrellas del infinito en la suavidad del inmenso resplandor de tu nombre hecho pedazos.
Más allá no hay nada, sólo estar presente por los siglos en la incontenible locura que nos mueve, aquella que se cuela por los sueños como parda oscuridad que pernocta por nosotros.
Por cada vibración emergente, un destello es vertido, en un trozo de arena que se expande en incontables pantanos, arremolinados como espesa niebla, verde emanación de fulgor demente.
Ya trepa a mi cabeza, ecuánime como monolito blasfemo, timbre sólido en esencia lítica, que desplaza mi cuerpo los oceános de lo innominado, ahí me esperan las parcas, piden borbotones de mi sangre hecha polvo por el viento.
Luego el frío, aquel que quema el destino de los encumbrados, aquellos líquidos de internos desafíos, de copulas y amalgamas de rocío delgado, de sabor violeta.

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